
El pasado miércoles 13 de mayo Ignacio Gonzálvez comunicó al Papa León XIV que se había curado / Crédito: Cortesía Carmen Gloria Gonzalez, madre de Ignacio
El Jubileo de los Jóvenes, celebrado del 28 de julio al 3 de agosto de 2025, dejó en cada rincón de Roma estampas inolvidables: guitarras improvisando alabanzas, jóvenes rezando en voz baja junto a las fuentes o grabando vídeos para compartir su fe en redes sociales.
Entre los miles de peregrinos en zapatillas que atravesaron la Puerta Santa de San Pedro se encontraba Ignacio Gonzálvez, un joven español de 15 años. Sin embargo, durante la peregrinación comenzó a sentir un intenso dolor en el pecho. Fue trasladado de urgencia al hospital Bambino Gesù, donde las pruebas diagnósticas revelaron un linfoma linfoblástico con una gran masa en el tórax.
Su familia se desplazó a Roma con el corazón encogido. Los primeros 12 días fueron de vértigo: tenía el corazón agotado y en cualquier momento podía sufrir un paro cardiorrespiratorio. A las 24 horas de retirarle los soportes, además, se produjo una complicación gravísima: un boquete en la femoral y un trombo.
“Fueron los meses más difíciles de mi vida y a la vez los más bonitos porque fue el momento en que más me acerqué a Dios estando en la Cruz”, explica ahora, ya recuperado, a ACI Prensa.
El propio Ignacio fue quien pudo comunicar al Papa su curación el pasado miércoles 13 de mayo, a las puertas de la residencia pontificia de Castel Gandolfo. “Le di la buena noticia de que me había curado y que lo esperaba en Madrid, ya que volvía a España justo unos días después de ese encuentro”, relata con la alegría de quien aguarda el próximo viaje de León XIV a España donde aterrizará el 12 junio.
El Santo Padre ha estado pendiente en todo momento de esta familia, cuya vida dio un giro de 180 grados tras el diagnóstico.
Pocos días después del ingreso, y sin previo aviso, el Papa se presentó en la habitación del hospital donde su madre y su padre rezaban a los pies de su cama sin descanso. En ese momento, Ignacio estaba sedado e intubado, por lo que no fue consciente de la visita. Aun así, el Pontífice quiso mostrarle su cercanía en lo que sería el primero de los tres encuentros que mantendrían.
El Papa permaneció aproximadamente media hora con la familia antes de visitar a otros pacientes del área de oncología. Con ellos rezó el Avemaría y el Padrenuestro, impartió la bendición a cada uno y habló del Evangelio, de la vida eterna y de la voluntad de Dios. “Estamos hechos para el cielo”, les dijo entonces.
Ignacio estuvo nueve meses ingresado en el hospital. Durante ese tiempo estuvo a punto de morir en dos ocasiones.
La cercanía del Papa brindó a esta familia un asidero de consuelo: pudieron respirar, mirar al cielo y abandonarse en Dios. En cuanto supo que Ignacio había recibido el alta, el Papa no dudó en hacerles un hueco en su agenda en el Vaticano. Hasta allí se desplazó el pasado 29 de abril Ignacio, acompañado de sus padres, Pedro Pablo y Carmen Gloria, su hermana Adela y un amigo de la familia.
Durante el encuentro, León XIV se interesó por los detalles médicos y, poco después, se trasladó a una estancia contigua con el joven para mantener una conversación a solas. Fue el propio Ignacio quien pidió ese momento de intimidad, a lo que el Papa accedió de inmediato.
A lo largo de este camino de sufrimiento, la familia se ha sentido sostenida por la oración y los deseos de recuperación: la de numerosos jóvenes junto al Papa, las comunidades neocatecumenales —a la que pertenecen—, además de conventos, familiares y amigos, creyentes y no creyentes.
“La fe me ha ayudado a vivir esta enfermedad de otra manera, por ejemplo ofreciendo mis sufrimientos por algo o por alguien. También el rezar con mi madre y mi padre cuando estaba en el hospital, me ha ayudado mucho y no sólo en la oración, sino también el no sentirme solo ya que sabía que mucha gente estaba rezando por mí”, asegura Ignacio, que afirma haber experimentado cada día el amor de Dios.
“He sentido a Dios cerca, más que cerca en cada detalle y cada regalo que sé que ha sido Él quien me ha dado y que también me ha dado fuerzas para combatir esta enfermedad. He podido verlos en mí y a la vez a mi madre”, añade.
Ha pasado casi un año desde aquella pesadilla que supuso el ingreso hospitalario y la primera visita del Papa. Hoy, todo queda atrás. El presente es la curación; el futuro, el reencuentro con el Papa.
Este tendrá lugar durante la próxima visita del Pontífice a Madrid, dentro de su viaje apostólico a España. En la capital, el Santo Padre permanecerá del 6 al 9 de junio. Serán casi cuatro días en los que se reunirá con los más vulnerables, con los jóvenes, celebrará la Santa Misa, se encontrará con la Iglesia diocesana y venerará a la Virgen de la Almudena. Y, de nuevo, se reencontrará con Ignacio.