Obispo bizantino: el año litúrgico no es un calendario, sino la presencia de Cristo en el tiempo


Mons. Manuel Nin. / Crédito: Cortesía de Mons. Manuel Nin

El año litúrgico, para las iglesias cristianas, no es sólo una secuencia de festividades religiosas a lo largo del año. Según el Exarca Apostólico de Grottaferrata, Mons. Manuel Nin, constituye una realidad más profunda: la manifestación misma del misterio de Jesús en el tiempo.

En un artículo sobre el año litúrgico bizantino (que inicia el 1 de septiembre) compartido con ACI Prensa, el prelado resume esta visión con una antigua frase latina que lo acompañó desde sus tiempo de formación: “Annus liturgicus ipse est Christus” (“el año litúrgico es el propio Cristo”).

Mons. Nin cuenta que conoció expresión cuando ingresó como novicio al monasterio benedictino de Montserrat en 1975. Desde la ventana de su habitación podía contemplar un relieve con un mapa del mundo y esa inscripción en latín.

“Leí esa escritura todos los días durante casi dos años”, recuerda. Con el tiempo, no solo logró traducirla gracias a sus estudios de latín, sino también comprender su significado.

El año litúrgico como profesión de fe

A partir de su experiencia académica estudiando las liturgias orientales, Mons. Nin afirma que “es en el año litúrgico donde las Iglesias cristianas, tanto de Oriente como de Occidente, manifiestan, profesan y celebran su fe”.

Según explica, “todas las liturgias cristianas, son una celebración del misterio del Verbo de Dios, que se encarnó del Espíritu Santo y de la Virgen María, nació, sufrió, murió y resucitó y ascendió al cielo a la derecha del Padre”.

El exarca apostólico destaca además que esta dimensión teológica y espiritual ha sido subrayada por reconocidos estudiosos de la liturgia, entre ellos A.M. Triacca, Jean Corbon y el entonces Cardenal Joseph Ratzinger.

Cada fiesta revela un aspecto de Jesús

Mons. Nin subraya que las distintas celebraciones litúrgicas no nacieron por casualidad, sino que fueron desarrollándose “como una totalidad alrededor del Misterio Pascual de Jesucristo”.

“La Pascua de Cristo y la Dormición de María enfatizan el aspecto de la resurrección y la glorificación; la Navidad y la Anunciación hacen explícito el aspecto teándrico de la Encarnación; la Epifanía y Pentecostés son fiestas trinitarias”.

Un misterio que sigue actuando hoy

El prelado también insiste en que las fiestas litúrgicas no sólo “conmemoran un acontecimiento que ha ocurrido, sino que lo hacen real”.

En consecuencia, recordó que “Cristo no nos ha salvado solo una vez, sino que sigue salvándonos”.

Mons. Nin encuentra una expresión particularmente elocuente de esta realidad en los himnos orientales. Muchos troparios bizantinos y siríacos comienzan con la palabra “Hoy”, un término que actualiza el misterio de Cristo.

“Muchos de estos troparios pasaron a la tradición romana en muchas antífonas de las grandes fiestas que comienzan con la palabra latina Hodie”, explica.

Cómo se organiza el año litúrgico bizantino

En su introducción, Mons. Nin ofrece también una síntesis de la estructura del año litúrgico bizantino, que divide en dos grandes ciclos: uno fijo y otro móvil.

El ciclo fijo reúne las celebraciones que se repiten cada año en una fecha determinada, mientras que el ciclo móvil gira en torno a la Pascua y cambia según el calendario.

El año litúrgico bizantino comienza el 1 de septiembre, siguiendo la antigua tradición del Imperio Bizantino.

Entre sus principales fiestas de fecha fija figuran la Natividad de la Madre de Dios (8 de septiembre), la Exaltación de la Santa Cruz (14 de septiembre), la Entrada de la Madre de Dios en el Templo (21 de noviembre), la Navidad (25 de diciembre), el Bautismo del Señor (6 de enero), la Presentación de Cristo en el Templo (2 de febrero), la Anunciación (25 de marzo), la Transfiguración (6 de agosto) y la Dormición de la Madre de Dios (15 de agosto).

Por su parte, el ciclo móvil comprende la Precuaresma, la Gran Cuaresma, la Pascua, la Ascensión y Pentecostés, todas ellas vinculadas directamente al misterio de la muerte y resurrección de Cristo.

Al concluir su reflexión, Mons. Nin subrayó que “el misterio de Cristo celebrado, proclamado y vivido en las grandes fiestas es una profesión de fe, una proclamación de la fe, la vida de fe que hemos recibido de nuestro bautismo como una promesa”.