
Imagen referencial. / Crédito: Cathopic
La Asamblea Nacional de Francia aprobó el 1 de junio un proyecto de ley destinado a prevenir y combatir la violencia en el entorno escolar que —según advirtieron los obispos del país—, podría poner en peligro el secreto de confesión.
La Conferencia Episcopal Francesa ha alertado que esta iniciativa legislativa vulnera algunas libertades fundamentales; entre ellas la libertad de conciencia, la libertad de enseñanza y la libertad de culto.
Aunque los obispos respaldan la intención de las autoridades de combatir la violencia psicológica, física y sexual ejercida contra niños y adolescentes, expresan su preocupación porque el proyecto de ley pueda afectar al secreto de confesión y la autonomía de la enseñanza católica.
En concreto, los obispos señalan el artículo 9 de la proposición de ley, que defiende la obligación de denunciar los hechos de violencia contra menores, incluso cuando hayan tenido conocimiento de ellos en el ejercicio de su ministerio sacerdotal y añade que “ningún ‘secreto de confesión’ puede oponerse a dicha obligación”.
Los prelados también advierten de que pone en riesgo la autonomía de los colegios católicos, al prever una ampliación del control del Estado sobre los centros privados concertados.
Los obispos franceses sostienen que estas nuevas medidas de supervisión podrían abrir la puerta a una mayor intervención estatal en ámbitos como la formación moral, la educación afectivo-sexual o incluso la transmisión de la antropología cristiana.
Según señalan, el Estado tendría además la facultad de imponer sanciones administrativas e incluso ordenar el cierre de los centros que incumplieran las disposiciones establecidas.
¿Qué dice la Iglesia sobre el secreto de confesión?
El sigilo sacramental está regulado por los cánones 983, 984 y 1388, además del numeral 1467 del Catecismo de la Iglesia Católica, que establece que “dada la delicadeza y la grandeza de este ministerio y el respeto debido a las personas, la Iglesia declara que todo sacerdote que oye confesiones está obligado a guardar un secreto absoluto sobre los pecados que sus penitentes le han confesado, bajo penas muy severas”.
“Tampoco puede hacer uso de los conocimientos que la confesión le da sobre la vida de los penitentes. Este secreto, que no admite excepción, se llama ‘sigilo sacramental’, porque lo que el penitente ha manifestado al sacerdote queda ‘sellado’ por el sacramento”, agrega el Catecismo.
Cabe recordar que en julio de 2019 la Penitenciaría Apostólica del Vaticano publicó una nota sobre la importancia del fuero interno y la inviolabilidad del sigilo sacramental con dos fines: Por un lado, resaltar la importancia y favorecer una mejor comprensión de estos conceptos “que hoy parecen haberse convertido en extraños para la opinión pública y a veces para los mismos ordenamientos jurídicos civiles”.
“El secreto inviolable de la confesión proviene directamente de la ley divina revelada y está enraizado en la naturaleza misma del sacramento, hasta el punto de no admitir ninguna excepción en el ámbito eclesial ni en el ámbito civil”, afirma la nota.