
Una calle de La Habana (Cuba). / Crédito: Jonny Wardle / Unsplash.
El Obispo de Palm Beach (Estados Unidos), Mons. Manuel de Jesús Rodríguez, visitó hace unos días Cuba e indicó que lo que vio en las calles fue “una crisis humanitaria profunda y en aumento”.
Mons. Rodríguez expresó en una columna el amor que siente por Cuba, país al que volvió después de más de 25 años para asistir a la instalación de Mons. Osmany Massó Cuesta como nuevo Obispo de Bayamo-Manzanillo.
El prelado dijo que “más allá de los muros de esa celebración sagrada, otra realidad se impuso con una fuerza abrumadora — una que no puedo olvidar y sobre la cual no puedo permanecer en silencio”.
“ Lo que encontré no fue simplemente dificultad. Fue una crisis humanitaria profunda y en aumento — cruda, visible y profundamente humana. Está grabada en la vida cotidiana de todo un pueblo”, escribió.
El Obispo de Palm Beach relató que en Cuba conseguir alimentos “es una lucha diaria” debido a la escasez de los productos más básicos. “Largas filas se extienden durante horas bajo el sol, a menudo terminando en decepción. La desnutrición ya no está oculta: es visible en los rostros de los niños, en la fragilidad de los ancianos, en el agotamiento silencioso de los padres que ya no tienen nada más que dar”, señaló el obispo de origen dominicano.
Narró que en los hospitales se vive una situación similar a causa de la falta de medicamentos. Hay un retraso en los tratamientos y “enfermedades que en otros lugares podrían manejarse fácilmente, en Cuba se convierten en una carga pesada y, en ocasiones, insoportable”, señaló.
“Quizás lo más impactante de todo es el ambiente que impregna la nación: una creciente y asfixiante sensación de desesperanza. Se percibe en las calles, en las conversaciones, en la mirada de la gente. Es el cansancio de un pueblo que ha soportado demasiado durante demasiado tiempo. Es la angustia silenciosa de quienes no ven un camino claro hacia adelante. Es la erosión de la esperanza”, expresó.
“No podemos permanecer indiferentes”
Mons. Rodríguez dijo que los cubanoamericanos e inmigrantes cubanos que viven en el sur de la Florida viven en sus corazones esta crisis al saber “que los seres queridos están pasando hambre”.
“Como obispo de Palm Beach, hablo con urgencia y con convicción: no podemos permanecer indiferentes. Hacerlo sería una falta no solo de caridad, sino también de conciencia. La cercanía de Cuba —tan próxima a nosotros en todo sentido— nos impone una grave responsabilidad moral. No somos espectadores. Somos vecinos. Y somos hermanos y hermanas”, expresó.
En ese sentido, recordó que “la oración debe conducir a la acción” y por ello la Diócesis de Palm Beach está colaborando con los obispos cubanos para hallar “todas las vías posibles para brindar asistencia concreta — especialmente en las áreas urgentes de alimentación y atención médica. Este trabajo no es opcional. Es un imperativo moral”.
“Les pido —no, les insto— que se unan a nosotros. No permanezcan al margen. No permitan que la distancia o la rutina adormezcan el llamado de la caridad. Este es un momento que exige una respuesta digna de nuestra fe”, expresó.
Llega nuevo cargamento a Santiago de Cuba
Por su parte, Cáritas Cuba anunció el 26 de marzo que “un nuevo cargamento humanitario arribó al aeropuerto internacional de Santiago de Cuba, esta vez con ayuda y fondos canalizados por Catholic Relief Services (CRS), organización hermana dispuesta siempre al servicio de caridad”.
Cáritas Cuba indicó que asumirá la entrega de estos kits a unas 600 familias de la arquidiócesis y que el siguiente envío que llegue “será destinado a 600 familias igualmente, pero de Holguín-Las Tunas”.