Así se vive la Semana Santa en la tradición bizantina: poesía litúrgica y contemplación del misterio de Cristo


Mons. Manuel Nin Güell, Exarca Apostólico de Grottaferrata / Crédito: Mauricio Andrade, secretario de Mons. Manuel Nin Güell

La Semana Santa en la tradición bizantina se vive como una profunda experiencia espiritual marcada por la poesía litúrgica, el simbolismo y la contemplación del misterio de Cristo, explicó Mons. Manuel Nin Güell, Exarca Apostólico del Monasterio de Santa María de Grottaferrata —la histórica abadía griega de rito bizantino situada a las puertas de Roma—.

En las Iglesias de Oriente, la llamada “Gran Semana” constituye uno de los momentos centrales del año litúrgico. “Las Iglesias Cristianas de Oriente se reúnen en torno a la Cruz de Cristo, de donde manan la redención y la salvación”, afirmó el obispo, destacando la unidad en torno al misterio pascual.

Según Mons. Nin, esta riqueza espiritual se expresa especialmente en los troparios, composiciones poéticas que se cantan en la liturgia y que condensan la fe de la Iglesia. “Son textos surgidos de la oración del poeta, del himnógrafo, del teólogo, que con imágenes fuertes y a veces paradójicas logran expresar la profesión de fe de manera simbólica”, explicó.

Uno de los troparios más representativos de los primeros días de la Semana Santa invita a la vigilancia espiritual ante la llegada de Cristo: “He aquí que el Esposo viene a medianoche… bendito el siervo que encuentra vigilante”. Para el prelado, este texto articula tres grandes temas: la espera del Esposo, la vigilancia frente al “sueño” entendido como muerte espiritual, y la conciencia de la propia indignidad ante Dios.

“El cristiano descubre que es pecador, pero también que es amado y salvado por un Dios humilde”, señaló Mons. Nin, quien añadió que esta tensión entre miseria humana y misericordia divina es central en la espiritualidad bizantina.

El Viernes Santo, en tanto, está marcado por un tropario profundamente dramático que se canta durante la procesión de la cruz. “Quien cuelga de la cruz es el mismo que cuelga la tierra sobre las aguas”, explicó el obispo, subrayando el contraste que caracteriza este canto. “El Señor de los ángeles recibe una corona de espinas; el Señor del cielo es envuelto en una túnica mendaz”.

Para Mons. Nin, estos contrastes “resaltan con fuerza el misterio de la encarnación”, mostrando cómo el Dios todopoderoso asume la humillación y el sufrimiento por amor al hombre. “Adoramos tu pasión, oh Cristo, y te pedimos que nos muestres también tu resurrección”, resume el espíritu de este día.

El Sábado Santo, por su parte, introduce una nota de recogimiento y esperanza con el tropario que pone en labios de José de Arimatea la súplica por el cuerpo de Cristo. “Dame a este extranjero…”, repite el texto litúrgico, una imagen que, según el exarca, revela una dimensión profunda del misterio cristiano.

“Cristo es presentado como el extranjero: desde su infancia, en su muerte y en su sepultura”, explicó Mons. Nin. “Es el que no tiene dónde reclinar la cabeza, el que es rechazado por los suyos, pero que precisamente así abre a todos el camino del Reino”.

El obispo destacó además la presencia de la Virgen María en este momento, cuya súplica —“Hijo y Dios mío… confío en tu resurrección”— se convierte en la voz de toda la Iglesia. “Incluso en el dolor más profundo, la liturgia bizantina nunca pierde la esperanza pascual”, afirmó.

Finalmente, Mons. Nin subrayó que la tradición bizantina, presente en lugares como Calabria, Sicilia y el propio monasterio de Grottaferrata, ofrece una forma única de vivir la Semana Santa. “Estos textos poéticos, cargados de fuerza y realismo, nos permiten entrar en el misterio de Cristo de una manera profundamente contemplativa”, aseguró.

“La liturgia no solo recuerda los acontecimientos de la salvación —concluyó—, sino que los hace presentes hoy para cada creyente, invitándolo a participar personalmente en la pasión, muerte y resurrección del Señor”.