El legado vivo del P. Caffarel, pionero en mostrar a los matrimonios el camino hacia la santidad


El P. Henri Caffarel (dcha), con uno de los Equipos de Nuestra Señora / Crédito: Cortesía de Alberto Pérez Bueno

El P. Henri Caffarel, sacerdote francés que centró su apostolado en acompañar y guiar a los matrimonios en el camino a la santidad, está más cerca de los altares.

El Papa León XIV reconoció el pasado 23 de marzo las virtudes heróicas de este sacerdote, nacido en Lyon (Francia) el 30 de julio de 1903, que defendía que las parejas están hechas para la felicidad y que el matrimonio es un camino hacia ella. 

Con esta profunda convicción, y consciente de los retos que atravesaban los matrimonios, fundó en 1939 en París el movimiento de espiritualidad conyugal “Equipos de Nuestra Señora”.

El inicio de un legado que permanece vivo

Los españoles Alberto Pérez Bueno y Mercedes Gómez-Ferrer Lozano, matrimonio responsable internacional de los Equipos —casados desde hace 35 años y padres de tres hijos—, recuerdan en conversación con ACI Prensa que todo comenzó “con cuatro matrimonios que acudieron al P. Caffarel para preguntarle cómo podían vivir su fe en pareja”.

“Él no tenía una respuesta en ese momento y les propuso iniciar un camino de búsqueda juntos, desde el sacramento del orden sacerdotal y desde el sacramento del matrimonio. Y así es como comenzó todo”, precisa Alberto.

Tras la Segunda Guerra Mundial, el movimiento —principalmente laical–, creció rápidamente y actualmente su legado está presente en 92 países y cuenta con más de 15.000 equipos. 

P. Henri Caffarel. Crédito: Cortesía de Alberto Pérez Bueno
P. Henri Caffarel. Crédito: Cortesía de Alberto Pérez Bueno

Comunicación y oración conyugal

Mercedes subraya que, desde el inicio, el nuevo Venerable vio necesario impulsar los pilares de la comunicación y la oración conyugal, convencido de que al poner los problemas en común, se evitaba el distanciamiento que veía en muchas parejas.

Caffarel, recuerda Alberto, afirmaba que el sacramento del matrimonio es una imagen de Dios” y, más aún, “probablemente la más perfecta que hay”. Para el fundador del movimiento, los matrimonios están llamados a ser santos a través de un camino “de trabajo, mejora personal, de amor, de paciencia, de construcción”.

“No es un proceso de la noche a la mañana, sino que es por medio de un recorrido vital. El P. Caffarel propone a los matrimonios emprender este camino y llegar a ser santos a través del trabajo y de una vida en común”, subrayó.

Mercedes resalta además que concebía el matrimonio como un signo “que refleja el amor de Dios”, precisamente por esa relación de comunión que se da entre los esposos, análoga —según su visión— a la que existe entre las tres personas divinas: Cristo, el Padre y el Espíritu Santo.

A su juicio, la imagen del matrimonio permitía expresar con mayor claridad la idea de un Dios que es Amor “y que se comunica y se expande dentro de su propia naturaleza”. Desde esta perspectiva, “la santidad deja de entenderse como una cuestión de esfuerzo individual o de perfección moral, para situarse más bien en la dinámica del amor que transforma y mueve la vida”, explicó.

Un camino continuo de crecimiento espiritual

La vida de los equipos se basa en una metodología concreta “que va más allá de reuniones mensuales”, incluyendo oración, diálogo y compromiso personal. Cada equipo está formado por cinco o seis matrimonios en los que se promueve “la escucha de la palabra, la oración personal, la oración conyugal y familiar y un diálogo profundo ante el Señor que tenemos también todos los meses”. 

En definitiva, se trata de “disponer de una regla de vida, con una serie de elementos en los que te esfuerzas por mejorar tu vida cristiana, y una vez al año participar en un retiro, un tiempo de encuentro también un poco más largo del fin de semana. Además de eso, todos los años tenemos un tema de estudio que vamos trabajando a lo largo del mes y que luego ponemos en común”.

En palabras de los responsables de los equipos a nivel internacional, “no se trata sólo de la reunión mensual”, sino de un camino continuo de crecimiento espiritual.

Alberto subraya que los Equipos de Nuestra Señora son, de alguna manera, “precursores de la sinodalidad” promovida por el Papa Francisco. “Es un movimiento muy poco clerical, pero eso sí, el acompañamiento de los sacerdotes a los matrimonios es esencial”.

Además, subraya que “los matrimonios ponen al servicio de los demás su tiempo, sus habilidades, sus carismas y sus dones para ir tejiendo comunidad”. En este sentido, recuerda que el P. Caffarel se preocupó especialmente de que esta realidad no quedara únicamente en París.

Mercedes, quien tuvo la oportunidad de conocer al ahora Venerable, recuerda que en el año 1973 se retiró tras fundar los equipos, convencido de que “si era una obra del Espíritu Santo y tenía un carisma para la Iglesia, no hacía falta que él continuara”, por ello lo dejó en manos de los laicos.

Se retiró entonces a una casa de oración en las afueras de París, donde inició su otra “gran obra”: enseñar a la gente a rezar. Destacó que “una de las cosas que más deseaba era enseñar a la gente a acercarse a Cristo y ser un mediador para que cada persona pudiera tener un encuentro personal con Él”, que le cambiara la vida. 

Alberto Pérez Bueno y Mercedes Gómez-Ferrer Lozano, matrimonio responsable internacional de los Equipos. Crédito: Cortesía de Alberto Pérez Bueno
Alberto Pérez Bueno y Mercedes Gómez-Ferrer Lozano, matrimonio responsable internacional de los Equipos. Crédito: Cortesía de Alberto Pérez Bueno

Los desafíos de los matrimonios en la actualidad

Los españoles Alberto y Mercedes explican cómo los matrimonios actuales afrontan nuevos desafíos, derivados del ritmo de vida, especialmente por “la incorporación de la mujer masivamente al mundo laboral”, que ha traído retos diferentes, “como la falta de tiempo” y dificultades para “encontrar tiempo para estar juntos y hablar”. 

Frente a esta realidad, destacan el consejo permanente del P. Caffarel: “buscar estos tiempos, no dejarlo pasar”, ya que la vida “nos arrolla como un río a toda velocidad”.

Subrayan además que, aunque los problemas de las parejas de los años 30 han evolucionado, siguen siendo esenciales “la comunicación, el cuidado personal, el encuentro entre nosotros”, y también “el encuentro con el Señor”, como pilares para sostener el matrimonio en cualquier circunstancia.

También destacan el impacto del movimiento en países como Lituania, con un pasado marcado por la represión comunista, o en países de África, donde se favorece la igualdad, la participación y cambios como el abandono de la poligamia. También en Europa, donde los Equipos de Nuestra Señora ayudan a fortalecer a las familias en sociedades cada vez más secularizadas.

Ambos destacan el impacto universal del movimiento: matrimonios de distintas culturas coinciden en el bien recibido, especialmente en “la posibilidad de rezar juntos” y en descubrir “lo difícil que habría sido sin la presencia de Cristo en su vida matrimonial”. En definitiva, se trata de una propuesta que responde a un deseo profundo: aunque disminuya el matrimonio sacramental, “no hay una disminución del deseo de la gente de vivir en pareja”.

Asimismo, Mercedes alerta de un comportamiento creciente: “Ante el menor tropiezo,  la tentación primera es abandonar” y existe “muy poca pedagogía de la constancia, del perdón”. A esto se suma “mucho miedo al compromiso” y una tendencia a evitar vínculos duraderos o comunidades, pese a que en el fondo las personas “quieren ser felices y quieren continuar juntos”.

Por ello, insiste en la importancia de la ayuda mutua y la vida en comunidad: “Es fundamental dejarse ayudar”, ya que, a su juicio, “es muy compleja la vida del matrimonio en solitario”. 

Los equipos ofrecen precisamente las herramientas y ese apoyo necesario, donde los matrimonios comparten problemas y soluciones. Desde su experiencia, animan especialmente a los matrimonios jóvenes a acercarse a este camino de santidad

Ambos expresan su alegría por la declaración como Venerable del P. Caffarel, un reconocimiento esperado tras “casi 20 años de recorrido” del proceso de beatificación, que aún continúa a la espera de un milagro obrado por su intercesión. 

Por último, subrayan la vigencia y necesidad de este movimiento de espiritualidad conyugal en el contexto actual. Ante la falta de referentes y confusión, los Equipos de Nuestra Señora “ofrecen orientación, comunidad y apoyo” para ayudar a las parejas a vivir su vocación y buscar la felicidad, tal y como deseó el P. Caffarel.