Makrickas: “No estamos llamados a hacer, sino a permanecer, a quedarnos con Nuestro Señor, a quedarnos con María”


El Cardenal Makrickas presidiendo la oración este sábado en Santa María la Mayor. / Crédito: Vatican Media.

Es el día del silencio: el Sábado Santo. No hay liturgia hasta la Madre de todas las Vigilias. Solo se eleva una voz: la de la Madre de Jesús. También este año se celebró “La Hora de la Madre”, la hora de la fe de María en la espera de la Resurrección de su Hijo. 

Entre las 10:30 y las 11:30 de la mañana, en la basílica de Santa María la Mayor de Roma —la más antigua dedicada a María— el Cardenal Arcipreste Rolandas Makrickas presidió la oración.

En su homilía recordó que “en este día toda la Iglesia es como María: en espera, en silencio, en esperanza. Y también nosotros llevamos dentro muchas notas: las de las pruebas personales, las del esfuerzo de la misión que se nos ha confiado, las de las heridas de la Iglesia y del mundo que lucha por encontrar caminos de paz y fraternidad”.

“El Sábado Santo nos enseña que Dios actúa también en el silencio. Cuando todo parece inmóvil, Dios está preparando la vida, está preparando la Resurrección. María lo sabe y por eso no cae, por eso no huye. Permanece al pie de la Cruz. Hoy no estamos llamados a hacer, sino a permanecer, a quedarnos con Nuestro Señor, a quedarnos con María y a aprender de ella el arte de la fidelidad”, dijo el cardenal.

“En esta basílica, que custodia la venerada imagen de la Salus Populi Romani, donde tantos fieles vienen a rezar a la Madre de Dios, comprendemos que la Iglesia vive no solo de palabras y acciones, sino también de silencio, de espera, de confianza. Y recuerdo el testimonio de tantos pastores y consagrados que han vivido la fe con sencillez y profundidad”, agregó.

La tradición bizantina contempla, en el Sábado Santo, a la Madre de Dios vigilante y orante; la tradición occidental subraya la fe de la Virgen. Por eso, en este día se celebra a la Madre de nuestra fe —como recuerdan los organizadores del Centro de Cultura Mariana “Madre de la Iglesia”— para entrar con ella en la alegría pascual del Señor Resucitado.

El Viernes Santo es la Hora de Cristo: la hora en que, después de haber amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo, consumando por ellos y por los pecados de todos su sacrificio como Víctima en el altar de la Cruz. A sus pies, por voluntad divina, estaba María, unida a Él de manera indisoluble en el dolor y en la ofrenda, como explica el padre Ermanno Toniolo en el libro litúrgico que acompaña la oración.

Pero el Sábado Santo es la Hora de la Madre: una hora totalmente suya, en la que ella, la Mujer, la Hija de Sion, la Madre de la Iglesia, vivió la prueba suprema de la fe y de la unión con el Dios Redentor. La celebración de la “Hora de la Madre” fue preparada por el P. Ermanno M. Toniolo, O.S.M., en continuidad con la tradición latina y bebiendo de la liturgia bizantina, que en el Sábado Santo canta los “encomios” o lamentaciones de la Virgen Madre, de las mujeres piadosas y de los discípulos ante el sepulcro de Cristo, en la expectante espera de su Resurrección.

“Desde los primeros siglos, la Iglesia de Oriente y de Occidente —se lee en la introducción del libro litúrgico— ha percibido y celebrado este misterioso vínculo que une, como un puente, el Viernes Santo con el Domingo de Pascua, pasando por el corazón de María, y ha mirado a la Virgen como representante y expresión de toda la Iglesia redimida, que espera con anhelo el alba de la resurrección. También hoy, en el Sábado Santo, la Iglesia bizantina canta ante el icono de Cristo sepultado las lamentaciones de la Madre, y su memoria ha sido ahora introducida para el Viernes Santo en la última edición del Misal Romano”, expresó el Cardenal Makrickas.

La propuesta es que esta liturgia sea celebrada en cada comunidad, también gracias a este libro producido por el Centro de Cultura Mariana de Roma, con sede en Santa María in Via Lata.

“Esta ‘Hora de la Madre’, inspirada en la liturgia bizantina —se lee— ha sido acogida con favor y celebrada en muchos lugares; incluso se celebró dos veces en San Pedro por deseo del papa Juan Pablo II, en transmisión directa con Radio Vaticana. Desde 1987, el Año Mariano, se celebra en Santa María la Mayor. Se celebra también en muchos otros lugares, en catedrales y parroquias”, aseguró.

“El Sábado Santo es la matriz de la memoria semanal de santa María en sábado, como atestiguan documentos latinos del siglo IX; lo confirma la Introducción del Misal de la Bienaventurada Virgen María (1988), donde se lee: ‘La memoria de Santa María’ en sábado en muchas comunidades eclesiales se celebra casi como introducción al domingo, el ‘día del Señor’”, expresó.

“Mientras se disponen a celebrar la memoria de la resurrección del Señor, contemplan con veneración a la bienaventurada Virgen que, en el “gran sábado”, cuando Cristo yacía en el sepulcro, fuerte solo en la fe y la esperanza, sola entre todos los discípulos, esperó vigilante la resurrección del Señor’; lo confirma también el Directorio sobre la piedad popular y la liturgia (2002), promulgado por la Congregación para el Culto Divino, que propone como práctica piadosa para el Sábado Santo la ‘Hora de la Madre’ y recuerda sus fundamentos teológicos: en efecto, ‘la Virgen María que permanece junto al sepulcro del Hijo es icono de la Iglesia Virgen que vela junto a la tumba de su Esposo, en espera de celebrar su Resurrección’”, dijo.

María es nuestra madre en todo: “Destrozada por el dolor por el Hijo muerto y sepultado, por la ingratitud y la infidelidad del pueblo elegido, por la traición y el abandono de los discípulos más cercanos, por la dificultad de todos para creer que Él resucitaría como había anunciado, también ella es probada por la tentación de la duda, a la cual resiste heroicamente, aferrándose a las palabras del Hijo y a la fidelidad del Padre omnipotente”.

Publicado originalmente en ACI Stampa. Traducido y adaptado por el equipo de ACI Prensa.