Misioneros llevan fe y esperanza a comunidades pobres de México en Semana Santa


Misiones de Semana Santa / Crédito: Juventud y Familia Misionera

Mientras para muchos la Semana Santa es tiempo de descanso o vacaciones, para miles de personas representa un llamado a evangelizar y compartir la fe. Cada año, Juventud y Familia Misionera moviliza a más de 50.000 voluntarios en 24 países, llevando esperanza y acompañamiento a cerca de 800.000 personas. 

Temoaya: fe y esperanza  

Este movimiento forma parte del apostolado de la Federación Regnum Christi. En México, donde sugirió, este año lograron enviar poco más de 10 mil misioneros para atender a las 300 comunidades que atienden. Una de ellas es el municipio de Temoaya, ubicado a unos 75 kilómetros de la Ciudad de México.   

Según cifras del gobierno federal, la demarcación enfrenta una alta incidencia de pobreza multidimensional. Con más de 106 mil habitantes, apenas el 8.2% logra ubicarse fuera de condiciones de vulnerabilidad. Además, destaca por su importante población indígena otomí. 

Municipio de Temoaya. Crédito: EWTN Noticias
Municipio de Temoaya. Crédito: EWTN Noticias

En este contexto, la presencia de los misioneros se convierte en un apoyo significativo para la atención pastoral. Durante la Semana Santa, los voluntarios colaboran en la organización de actividades litúrgicas como el Vía Crucis, el lavatorio de pies y el Rosario, además de impartir catequesis para niños, jóvenes y adultos. Su labor incluye la preparación de confesiones y la celebración de la Palabra. 

Un apoyo para los sacerdotes 

En entrevista, el P. Javier Cerón, sacerdote de la Arquidiócesis de Toluca, quien lleva 11 años en Temoaya, reconoció que la presencia de los misioneros ha sido “un gran apoyo”, pero, sobre todo, “un gran impulso para la comunidad, una gran motivación”. El sacerdote atiende, junto con un vicario, el gran territorio confirmado por 29 capillas, una tarea que, dijo, sería difícil de sostener sin esta ayuda.  

Jóvenes limpiando una capilla para actividades de Semana Santa. Crédito: Juventud y Familia Misionera
Jóvenes limpiando una capilla para actividades de Semana Santa. Crédito: Juventud y Familia Misionera

Debido a diversas circunstancias, la presencia de los misioneros no siempre ha sido continua; sin embargo, indicó que cuando están presentes, “se queda la gente muy motivada, muy alegre, muy feliz y con muchas expectativas”, ya que no sólo fortalece la fe, sino que colabora en el fortalecimiento e integración comunitaria.  

Afirmó que dejar de lado responsabilidades personales para “decirle sí a Dios” y acudir “a las comunidades más alejadas, atender a aquellos que no es tan fácil [hacerlo]”, es un testimonio concreto de entrega y sinodalidad.   

Visiteo: cercanía con las familias 

Una parte de las actividades es el “visiteo”, que consiste en recorrer casa por casa para dialogar con las familias y conocer sus necesidades. 

“Justo ahí es como donde más puede actuar Dios (…) en hacer sentir a los demás escuchados, en hacerlos sentir vistos”, explicó Andrea, misionera de 29 años. 

En entrevista con ACI Prensa, señaló que uno de los objetivos de esta labor es “sembrar una semilla” en quienes reciben el mensaje, con la certeza de que, tras su partida, “Dios es el que actúa, Dios es el que hace que esa semilla en sus corazones florezca”.  

Visiteo en comunidades de Temoaya. Crédito: EWTN Noticias
Visiteo en comunidades de Temoaya. Crédito: EWTN Noticias

Por su parte, Ana Gabriela, quien ha participado en las misiones durante 23 años, aseguró que, aunque el acercamiento con las comunidades suele ser sencillo por la hospitalidad de la gente, hablar de la fe implica retos debido al sincretismo religioso en estas zonas. 

Aun así, afirmó ser testigo de conversiones importantes. “Cuando tú llegas y les traes la verdad, que es Cristo, entonces notas que se conmueven y que sí cambian su forma de pensar”. 

Reconoció que no se trata de un trabajo sencillo ni inmediato, sino de un esfuerzo constante a lo largo de los años; sin embargo, lo describe como una experiencia profundamente satisfactoria cuando “toca ver varios casos de gente que se convence, se convierten, se bautizan”.   

Además del acompañamiento espiritual, estas misiones permiten identificar necesidades concretas en cada comunidad. De acuerdo con el apostolado, en 2024 se benefició a cerca de 10 mil personas mediante la entrega de despensas, atención médica y psicológica gratuita, donación de ropa, juguetes y útiles escolares, así como la rehabilitación de iglesias y la construcción de espacios educativos. 

“Yo ya no puedo imaginar vivir la Semana Santa en una playa, esquiando o cosas así, porque ya para mí Semana Santa son misiones. Dedicarlo 100% a Dios”, afirmó.