
Obispo Karl-Heinz Wiesemann. Crédito: Conferencia Episcopal Alemana / Marko Orlovic
El obispo Karl-Heinz Wiesemann ha renunciado inesperadamente a la temprana edad de 66 años, cuando la edad habitual del retiro episcopal es de 75. Se desempeñaba como Obispo de Speyer (Alemania) desde 2007. El Vaticano anunció al mediodía de este miércoles que el Papa León XIV había aceptado su renuncia.
La Diócesis de Speyer señaló en un comunicado de prensa que Wiesemann había solicitado al Papa permiso para renunciar a su cargo de obispo por “motivos de salud”.
“Con todo mi corazón y gran alegría interior, he sido cristiano con ustedes y obispo para ustedes”, indicó Wiesemann en una carta a los fieles este miércoles. “Sin embargo, el peso de esta gran responsabilidad me ha dejado serias cicatrices físicas y, sobre todo, emocionales”.
En la carta, Wiesemann explicó con detalle: “Como saben, hace cinco años tuve que acudir a una clínica psicosomática por lo que los médicos denominan un ‘trastorno depresivo recurrente’. El detonante inmediato en aquel momento fue la situación específica que se estaba desarrollando en la investigación de los abusos sexuales en nuestra diócesis”.
“Pero el contexto más amplio se remonta al comienzo mismo de mi mandato como obispo”, continuó. “Desde el principio, he asumido la enorme y abrumadora responsabilidad inherente al cargo, en medio de un mundo y una Iglesia que cambian rápidamente, especialmente tras la revelación pública de numerosos casos de abuso en nuestra Iglesia poco después de asumir el cargo»”
La “carga de responsabilidades”, dijo, le ha dejado “graves secuelas físicas y mentales”. Ya en 2019, el obispo comprendió que necesitaba ayuda profesional y tuvo que buscar tratamiento psicoterapéutico, que continúa hasta el día de hoy. Este apoyo también puso de manifiesto la necesidad de su ingreso en una clínica hace cinco años y medio.
Dicho tratamiento le ayudó a aprender a sobrellevar su enfermedad y le permitió reincorporarse al cargo tras su baja. No obstante, el informe final de la clínica indica claramente que la enfermedad no se ha superado por completo, sino que la situación estresante puede seguir afectando y poniendo en riesgo su capacidad para desempeñar sus funciones.
Wiesemann admitió que su enfermedad le había impedido “recuperar su nivel de rendimiento anterior” y que ya no tenía fuerzas “para completar todo el proceso hasta que se implementen por completo las reformas estructurales pendientes”.
Además, “el próximo año comenzaremos un período de preparación de tres años para el milenario de la colocación de la primera piedra de nuestra catedral, que se celebrará a lo largo de 2030”, destacó el obispo.
“La catedral de Speyer —concluyó— con su destacada importancia europea e incluso mundial, merece un obispo con la fuerza y la pasión correspondientes para estar presente de forma permanente durante este tiempo”.
Artículo publicado originalmente en CNA Deutsch. Traducido y adaptado por el equipo de ACI Prensa.