
El Niño Dios vestido con los tres uniformes oficiales de la Selección Mexicana de fútbol, en el Altar de los Reyes de la Catedral Metropolitana de Ciudad de México. / Crédito: Cortesía de la Catedral Metropolitana de Ciudad de México.
Siguiendo una tradición que se remonta al Mundial de México ‘70, el Niño Dios ha sido vestido este 2026 con el uniforme de la Selección Mexicana de fútbol al interior de la Catedral Metropolitana de Ciudad de México.
La imagen ha sido colocada en el Altar de los Reyes, donde los fieles pueden acercarse a orar durante la Copa Mundial de la FIFA 2026.
Este espacio cobra especial relevancia cuando afuera de la catedral de la Arquidiócesis Primada de México, en la Plaza de la Constitución —conocida como el Zócalo de Ciudad de México—, se encuentra instalado el FIFA Fan Festival de la Copa Mundial, un espacio que congrega cada día a miles de personas llegadas de diversas partes del mundo.
México, junto a Estados Unidos y Canadá, organizan este 2026 la Copa Mundial de la FIFA, la mayor competencia de fútbol en el planeta. Ciudad de México, Monterrey y Guadalajara acogen 13 de los encuentros deportivos. Es la tercera vez que México es anfitrión de la Copa Mundial.
En esta edición, la Selección Mexicana logró avanzar como líder de grupo a los dieciseisavos de final.
Confiándole al Niño Dios “la vida, las alegrías y las esperanzas de México”
En diálogo con ACI Prensa este 24 de junio, el P. Hugo Valdemar, canónigo de la Catedral de Ciudad de México, explicó que “esta tradición nació en 1970, cuando México fue sede del Mundial de Fútbol. En aquel contexto de alegría nacional, algunos fieles quisieron expresar, desde la fe sencilla del pueblo, que también ese acontecimiento podía ser puesto bajo la mirada de Dios”.
El presbítero mexicano, exdirector de Comunicaciones de la Arquidiócesis de México, precisó que “no se trataba de convertir al Niño Dios en un amuleto ni de pedir un triunfo deportivo como si la fe funcionara así, sino de confiarle a Cristo Niño la vida, las alegrías y las esperanzas de México”.
“A lo largo de los años, esta costumbre ha permanecido porque toca una fibra muy profunda de nuestra religiosidad popular”, dijo, recordando que “para muchos fieles, ver al Niño Dios con los colores de la Selección es una forma de decir: ‘Señor, también en esto que nos une como país queremos reconocerte presente’”.
En ese sentido, dijo que “la clave pastoral” para un gesto como el de vestir al Niño Dios con la ropa de la Selección de fútbol “está en purificar y orientar esa expresión: no se trata de ‘rezar para ganar’, sino de vivir incluso el deporte con gratitud, fraternidad, respeto, alegría sana y sentido de comunidad”.
“Cristo está cerca de su pueblo”
Para el P. Valdemar, con este gesto desde la Iglesia “el mensaje es muy sencillo: Cristo está cerca de su pueblo. El Niño Dios no está lejos de nuestras alegrías, de nuestras esperanzas ni de nuestras preocupaciones”.
“La Catedral, como Iglesia madre, quiere acoger también esas expresiones legítimas de la religiosidad popular, siempre ayudando a que conduzcan al encuentro con Jesucristo”, indicó.
Resaltó que “en esta ocasión, además, el Niño cuenta con sus tres uniformes oficiales, que se irán cambiando conforme juegue la Selección Mexicana”.
“Los uniformes, balones y tenis son originales Adidas y fueron donados por una familia devota, que quiso que la imagen tuviera su vestimenta completa. Ese gesto habla también de una fe familiar, agradecida y generosa”, apuntó.
Sin embargo, precisó, “el centro no es la camiseta. El centro es Cristo Niño, que nos recuerda la humildad de Dios, su ternura y su cercanía con todos”.
“Dignidad, sentido cristiano y orientación pastoral”
Para evitar que la atención se dirija más hacia el uniforme y se aleje de Jesús, el P. Valdemar destacó la importancia de la catequesis.
“El uniforme puede llamar la atención, puede provocar una sonrisa, puede acercar a personas que quizá no se acercaban al templo; pero una vez que se acercan, hay que conducirlas al verdadero significado”, señaló.
Además, indicó que es importante cuidar tres aspectos clave, para evitar desviaciones en la devoción: “dignidad, sentido cristiano y orientación pastoral”.
Al referirse a la “dignidad”, el P. Valdemar subrayó que “la imagen del Niño Dios debe ser tratada siempre con respeto, belleza y sobriedad. No cualquier vestimenta conviene a una imagen sagrada. En este caso se trata de una tradición histórica de la Catedral, vinculada a un acontecimiento nacional y realizada con decoro”.
Sobre el “sentido cristiano”, precisó que en este caso “no se presenta al Niño como mascota ni como talismán, sino como Cristo, Señor de la historia, que acompaña a su pueblo también en sus expresiones culturales”.
Finalmente, apuntó la importancia de la “orientación pastoral, porque esta tradición debe llevarnos a algo más profundo: orar por México, pedir por la unidad de las familias, por la paz en nuestro país, por los jóvenes, por quienes viven esclavitudes o cautividades, y también por quienes practican el deporte, para que lo vivan con nobleza”.
“La religiosidad popular, cuando se acompaña bien, no empobrece la fe; al contrario, puede abrir una puerta muy hermosa para que muchas personas vuelvan a mirar a Cristo con confianza y ternura”, concluyó.