El Lagar de María: el proyecto católico que ofrece catas de vino en monasterios de España


Portada del proyecto El lagar de María / Crédito: El Lagar de María

La española Elena Añover creció entre viñedos. Aunque eligió la asesoría jurídica como profesión, su fe y la pasión por el vino que recibió de sus abuelos son el origen del Lagar de María, una iniciativa que busca recuperar la tradición monástica del vino.

Un hermoso proyecto que también pretende apoyar y dar visibilidad a los monasterios, aquellos lugares “donde el tiempo se vive de otra manera”, ofreciendo no solamente catas de vino, sino una experiencia única en la que conviven la fe, el silencio y la tradición.

La Virgen María marcó el camino

“Fue la Virgen, ella nos guió”, explica Elena en conversación con ACI Prensa al recordar el origen de la iniciativa, que nació tras un viaje al santuario de Medjugorje junto a su marido, Miguel Ángel, su apoyo incondicional en esta aventura vinícola.

“La Virgen nos marcó el camino por el que teníamos que ir, nos marcó las pautas. Cuando volvimos del viaje teníamos claro lo que había que hacer y que el proyecto es de la Virgen, por eso decidimos llamarlo Lagar de María”, precisa.

El año pasado lo dedicaron a la investigación, a buscar contactos y a hablar con comunidades. “Y se nos ocurrió que un buen sitio para hacer las catas de vinos eran los propios monasterios, tanto donde se elaboraban los vinos como en otros monasterios. Queríamos hacer también un poco de apostolado y ayudarles, porque muchos no tienen recursos”, revela. 

Elena Añover y su marido, Miguel Ángel Romero. Crédito: Cortesía de Elena Añover
Elena Añover y su marido, Miguel Ángel Romero. Crédito: Cortesía de Elena Añover

“No se puede concebir el vino sin una tradición monástica”

Para Elena, los monasterios albergan una historia “que el mundo no conoce”. Asegura que en lugares como España o Francia “no se puede concebir el vino sin una tradición monástica, donde las grandes bodegas vienen de vides cuidadas por los monjes”.

Durante más de mil años, estos monjes perfeccionaron las técnicas y estudiaron la tierra, dando origen a muchos de los grandes vinos que hoy conocemos. De hecho, precisa Elena, la reconocida marca Dom Pérignon hace alusión a su fundador, Pierre Pérignon, un monje francés y bodeguero de la abadía de Hautvillers que aportó técnicas revolucionarias a la viticultura.

Entre los siglos VI y XII, los monasterios fueron el corazón de la viticultura europea y quienes mantuvieron viva la tradición del vino tras la caída del Imperio Romano. Con la llegada del Císter, esta cultura se expandió con nuevas variedades, nuevas técnicas y una visión del vino profundamente ligada al paisaje y al espíritu.

El Lagar de María busca recuperar ese legado, ofreciendo la oportunidad de convivir con comunidades monásticas. Gracias a esta iniciativa, quien lo deseé podrá pasar un fin de semana junto a los monjes, sumergirse en su tradición y aprender técnicas ancestrales inspiradas en el principio benedictino del Ora et Labora (“ora y trabaja”).

El Lagar de María ofrece la oportunidad de convivir con comunidades monásticas. Crédito: Elena Añover
El Lagar de María ofrece la oportunidad de convivir con comunidades monásticas. Crédito: Elena Añover

“Te hacen partícipes de su vida”

La responsable del proyecto asegura que la “gracia de Dios” desempeñó un papel fundamental, ya que los comienzos no fueron sencillos. 

“No se trata de una relación comercial con una empresa; contactar con los monjes por correo electrónico es muy complicado”, explica. Por ello, optaron por visitar los monasterios para presentarles directamente la iniciativa.

“Decidí ir yo sola a visitar varios monasterios. Me alojaba en ellos y compartía un par de días con las comunidades, tanto de monjas como de monjes. Entonces todo cambió”, recuerda Elena. 

Aquellos encuentros les permitieron comprender mejor el proyecto y descubrir sus posibilidades. Según explica, más allá de la necesidad de obtener ingresos, lo que realmente preocupa a estas comunidades es preservar la dimensión espiritual de sus monasterios. “Ellos quieren acoger a personas de oración, gente que vaya a rezar. No quieren que sus monasterios se conviertan en lugares de turismo”, subraya.

Fue durante aquellas visitas cuando surgió la idea de ofrecer una cata monástica mientras que los monjes les acompañan, transmiten su vida, testimonio y dan a conocer su vida contemplativa. “Que también es su misión, sobre todo porque necesitan vocaciones”, puntualiza Elena. 

El último fin de semana de mayo, el equipo visitó el Monasterio de La Oliva, en Navarra, donde dieron inicio a una de sus experiencias. “Fue maravilloso. Es un sitio precioso, de la orden cisterciense, con su propia bodega. Son diez monjes”, relata.

La actividad reunió a un grupo de personas que no se conocían. “Nosotros ofrecemos la experiencia y se apunta quien quiere. No sabemos quién viene ni cómo es el grupo”, explica. Una vez en el monasterio, la acogida corre a cargo de la comunidad. “Tienen hospedería y una persona que se encarga de todo el fin de semana, el monje hospedero. Te atiende, te cuida, te da cariño. Es algo diferente, te hacen partícipes de su vida”, señala.

Además de los fines de semana en monasterios, la iniciativa ofrece otras actividades, como charlas sobre la tradición monástica y eventos para empresas, de manera que se combina la degustación de vino con la divulgación histórica y espiritual. 

Sobre la diferencia entre los vinos monásticos y los comerciales, Elena destaca el carácter artesanal del proceso. “Una bodega comercial está todo industrializado. Aquí todo es manual, artesanal, con tinajas en muchos casos”.

Actualmente, el proyecto colabora con varios monasterios en España.

“Hemos estado en La Oliva, contamos con uno en La Rioja y otro en Valvanera, en La Rioja. Este fin de semana vamos al monasterio de Santa María de la Caridad, en Tulebras, una comunidad maravillosa”, detalla. También trabajan con comunidades en Cantabria y otras regiones. 

Bodega del Monasterio de la Oliva. Crédito: Elena Añover
Bodega del Monasterio de la Oliva. Crédito: Elena Añover

Las inscripciones se realizan a través de su página web y redes sociales

De cara al futuro, el proyecto contempla su expansión internacional, a países como Francia e Italia. “Me encantaría”, reconoce Elena, que confía en que esta iniciativa pueda seguir creciendo.