
El estrecho de Ormuz, entre el Golfo de Omán y el Golfo Pérsico. En la costa norte se encuentra Irán. / Crédito: Below the Sky/Shutterstock.
El Vaticano expresó su preocupación por la crisis en el Estrecho de Ormuz, que ha dejado a más de 20.000 marineros atrapados durante más de cien días y ha puesto en evidencia la vulnerabilidad de quienes sostienen una de las principales rutas del comercio marítimo mundial.
Así lo recoge el mensaje titulado Más allá de la carga y el comercio: el rostro humano del mar, difundido este miércoles 24 de junio por el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral con motivo del Domingo del Mar 2026, que la Iglesia celebrará el próximo 12 de julio.
El texto, firmado por el prefecto del organismo, el Cardenal Michael Czerny, pone el foco no sólo en las consecuencias económicas de la crisis, sino, sobre todo, en su impacto sobre las personas.
“La crisis del Estrecho de Ormuz ha recordado al mundo hasta qué punto la humanidad depende profundamente del mar y de quienes trabajan en él”, señala el mensaje, hecho público en un contexto de máxima tensión en la zona, tras semanas de incertidumbre y amenazas en esta vía estratégica.
Tras más de 16 semanas de incertidumbre esta crisis podría estar cerca de su desenlace tras el acuerdo alcanzado entre la Administración de Donald Trump y el régimen iraní.
El mar, “marcado por la tensión, la inseguridad, la guerra y el miedo”
El documento denuncia que muchos trabajadores marítimos afrontan hoy “una creciente incertidumbre y dificultad” en un entorno marcado por la inseguridad. “El mar, que durante mucho tiempo ha unido a pueblos y naciones, está cada vez más marcado por la tensión, la inseguridad, la guerra y el miedo”, se lee en el texto.
En este contexto, el Cardenal Czerny advierte de las duras condiciones que enfrentan los tripulantes: “Muchos tripulantes no sólo afrontan los peligros inherentes del mar y de las vías navegables, sino que también se han visto recientemente afectados por conflictos armados que han dado lugar a su confinamiento virtual a bordo, a la escasez de alimentos e incluso al temor por sus propias vidas”.
Esta situación, añade, ha agravado su aislamiento: “Ha acentuado su sensación de soledad, su aislamiento de la sociedad en general, su separación de sus seres queridos y su agotamiento emocional”. El dicasterio vaticano lamenta que, incluso en una era de comunicaciones digitales, muchos marinos experimenten un aislamiento cada vez mayor.
“La cercanía humana se está volviendo más escasa. La reducción del tamaño de las tripulaciones, los permisos en tierra más breves, los horarios exigentes y la presión constante de la vida marítima moderna dejan poco espacio para el descanso, la fraternidad o los encuentros humanos genuinos”, subraya el cardenal, quien insiste en que estos trabajadores “necesitan una presencia”, que se les recuerde, se les escuche y se les quiera.
En esta línea, el texto denuncia que “un barco nunca debe convertirse en un lugar de aislamiento silencioso o de indiferencia, una Babel moderna donde las personas conviven pero permanecen invisibles”.
El mensaje recuerda además que los trabajadores del mar desempeñan un papel clave como “puentes entre naciones, culturas, religiones y economías”, y su testimonio resulta esencial en un mundo fragmentado por los conflictos.
Contaminación de los océanos
Junto a la dimensión humana, el Vaticano llama también a una reflexión sobre el cuidado de los océanos, que no pueden reducirse a meras rutas comerciales. “Forman parte de la creación de Dios, confiada a la responsabilidad y al cuidado humano”, señala el texto, que advierte del creciente deterioro ambiental causado por la contaminación, la explotación y el uso irresponsable de los recursos.
En este sentido, el documento recoge enseñanzas de la encíclica Magnifica humanitas del Papa León XIV, en la que se subraya que “el progreso auténtico nunca puede medirse únicamente por la eficiencia o el beneficio”, sino que debe estar guiado por la dignidad humana, el bien común y la responsabilidad hacia las generaciones futuras.
El texto insiste en que el cuidado del mar y la protección de los trabajadores marítimos forman parte de un mismo compromiso moral. “Proteger la vida marina, promover prácticas éticas y sostenibles y defender la dignidad y la seguridad de los trabajadores no son prioridades contrapuestas, sino dimensiones de un único compromiso con el bien común”, afirma.
A la luz del Evangelio, el dicasterio vaticano recuerda que Cristo acompaña a quienes afrontan las dificultades del mar: “¿Por qué tienen miedo? ¿Cómo no tienen fe?”. Una imagen que, según el documento, sigue interpelando hoy a la Iglesia, llamada a “subir a la barca” y a hacerse presente en medio de las dificultades de estos trabajadores.
Esta cercanía se concreta, entre otras formas, en la labor del Apostolado del Mar —conocido en muchos lugares como Stella Maris—, que ofrece acompañamiento pastoral, escucha y apoyo a marineros de todas las nacionalidades y credos en puertos de todo el mundo.
El Cardenal Czerny concluye el mensaje con un reconocimiento explícito: “Expreso mi profunda gratitud a todos los marinos, pescadores y trabajadores marítimos, así como a sus familias. Sus sacrificios sostienen el comercio global, la seguridad alimentaria y el bienestar de innumerables comunidades”.
Finalmente, encomienda a todos ellos a la protección de María, “Estrella del Mar”, y pide que este Domingo del Mar renueve el compromiso con la solidaridad, la cercanía y el cuidado de quienes viven y trabajan en los océanos.