Los cardenales afrontan un “mundo herido” en la apertura del consistorio sinodal


178 cardenales participan en grupos de trabajo durante un consistorio extraordinario celebrado en el Aula Pablo VI del Vaticano el 26 de junio de 2026. / Crédito: Vatican Media.

Afrontar un mundo marcado por una división cada vez más profunda, un sufrimiento generalizado y una crisis de sentido fueron los principales temas de discusión durante la sesión inaugural del consistorio extraordinario de cardenales, celebrada el 26 de junio en el Aula Pablo VI del Vaticano.

Los 178 cardenales que participan en el consistorio de dos días, desarrollado con un formato sinodal, hablaron de la creciente polarización dentro de las sociedades. Algunos señalaron que esta suele verse alimentada por la desinformación y agravada por una comunicación digital que dificulta, en lugar de favorecer, un diálogo auténtico.

El tema de la primera sesión fue: “¿En qué clase de mundo estamos llamados a anunciar el Evangelio?”. Como las deliberaciones se realizaron a puerta cerrada, la Oficina de Prensa de la Santa Sede proporcionó a los medios una síntesis de las discusiones.

El Vaticano informó que los cardenales hablaron de las tensiones políticas, la fragmentación social y el aumento de la violencia, tanto a nivel interpersonal como en los conflictos internacionales.

Muchos cardenales también señalaron la falta de respeto hacia las minorías religiosas y étnicas, expresando una preocupación particular por el aumento del antisemitismo y de la hostilidad contra los cristianos en diversas partes del mundo.

Los cardenales se reúnen en la Basílica de San Pedro en el segundo consistorio extraordinario, el 26 de junio de 2026. Los grupos de trabajo para el consistorio se llevaron a cabo en el Aula Pablo VI del Vaticano. Crédito: Vatican Media.
Los cardenales se reúnen en la Basílica de San Pedro en el segundo consistorio extraordinario, el 26 de junio de 2026. Los grupos de trabajo para el consistorio se llevaron a cabo en el Aula Pablo VI del Vaticano. Crédito: Vatican Media.

Los cardenales participantes en el consistorio también hablaron del individualismo extremo, de la crisis de la familia y de la soledad que afecta tanto a los ancianos como a los jóvenes, la cual consideran causa de males aún mayores, como el aumento de los suicidios y del consumo de drogas.

“En este contexto, hubo un amplio debate sobre los jóvenes, también en relación con las crisis económicas, financieras y del mercado laboral”, señala la síntesis del Vaticano.

“En el centro de muchas intervenciones estuvo la conciencia de un sentimiento generalizado de desconfianza, fatalismo e impotencia frente a las instituciones, la democracia y el futuro, relacionado también con la caída de la natalidad, el aumento de los grupos criminales, la delincuencia juvenil y el narcotráfico”, continúa el texto.

“A este respecto, varios grupos destacaron el papel del secularismo, la pérdida de los valores trascendentes y espirituales, y la pérdida del sentido de la vida; señalaron que la difusión de un sentimiento de cansancio y la ausencia de una perspectiva sobre la verdad reflejan una incapacidad para reconocer la alteridad y construir relaciones”.

Varios grupos señalaron un sentimiento generalizado de desconfianza hacia las instituciones, incluidos los sistemas democráticos, acompañado de un creciente fatalismo sobre la posibilidad de lograr cambios significativos.

La migración, un tema destacado

El fenómeno de la migración recibió una atención especial. Aunque reconocieron los desafíos que plantea, los cardenales subrayaron la necesidad de respuestas humanas y cristianas, que incluyan políticas eficaces de integración y el rechazo de las actitudes excluyentes.

El Papa León XIV abre el Consistorio Extraordinario este 26 de junio. Crédito: Vatican Media
El Papa León XIV abre el Consistorio Extraordinario este 26 de junio. Crédito: Vatican Media

Varios grupos observaron que los migrantes pueden ser una fuente de renovación y bendición para las comunidades de acogida cuando son recibidos adecuadamente.

También se mencionaron la degradación ambiental, la corrupción y las dificultades de la vida en los grandes centros urbanos como factores que contribuyen a las penurias que enfrentan hoy muchas personas.

El Vaticano informó que, en todos los grupos, existió la convicción compartida de que la Iglesia tiene un papel vital que desempeñar para responder a estos desafíos.

Los cardenales subrayaron la necesidad de que la Iglesia se presente como una “madre”, una presencia acogedora y compasiva, capaz de reconocer sus propios errores y, al mismo tiempo, ofrecer sanación y reconciliación. Esto incluye una renovada atención a la vida parroquial, considerada un ámbito clave para fomentar la comunidad y el encuentro.

En un momento en que muchas instituciones atraviesan una crisis de credibilidad, los cardenales afirmaron que la Iglesia está llamada a hablar con autoridad moral sobre cuestiones relacionadas con la dignidad humana, la paz y el bien común. Sugirieron que esa credibilidad se construye de manera más eficaz mediante la cercanía a quienes sufren.

Los jóvenes fueron descritos como personas que experimentan una creciente sed del Evangelio. La Iglesia, afirmaron los cardenales, debe acompañarlos de cerca, ofreciéndoles tanto orientación como esperanza.

La síntesis del Vaticano señaló que la Iglesia “ve cómo la sinodalidad es un camino providencial para que la Iglesia y la humanidad encuentren las respuestas que el mundo busca”. También indicó que el testimonio de la caridad, especialmente por parte de los fieles laicos, fue destacado como un poderoso medio de evangelización.

Los cardenales señalaron signos de esperanza en la piedad popular, la educación y la vida de fe de los creyentes comunes. Indicaron que, incluso en contextos donde los cristianos son una minoría, el testimonio de la Iglesia resulta especialmente significativo.

Según la síntesis del Vaticano, los esfuerzos por promover el diálogo y la paz, incluidas las iniciativas ecuménicas e interreligiosas, fueron considerados esenciales para contrarrestar la violencia y la división. También se destacó la oración como una fuente fundamental de fortaleza para estas iniciativas.

Aunque un consistorio de cardenales de este tipo ha sido tradicionalmente una oportunidad para que el Papa escuche las preocupaciones de todos los cardenales, el Pontífice estuvo ausente durante la sesión de los grupos de trabajo y regresó posteriormente para dirigirse a la asamblea tras la presentación de los informes de los grupos.

El Vaticano informó que el Papa agradeció a los cardenales sus aportaciones y reiteró la importancia del diálogo y de la participación.

El Pontífice observó que la soledad y el sufrimiento generalizados en el mundo actual constituyen un desafío directo para la Iglesia. Su respuesta, afirmó, debe consistir en invitar a todas las personas a la comunión, no sólo abriendo las iglesias y celebrando los sacramentos, sino también creando oportunidades y experiencias de encuentro.

“Si no estamos ciegos”, dijo el Papa, “es verdad que hay muchísimo sufrimiento”.

La sesión del 26 de junio concluyó con el rezo del Ángelus, y estaba previsto que las discusiones continuaran por la tarde y al día siguiente.

A medida que avance el consistorio, el Vaticano indicó que se espera profundizar estas reflexiones, ofreciendo orientaciones más claras sobre cómo la Iglesia bajo el pontificado de León XIV pretende afrontar lo que, según afirmó, muchos participantes describieron como uno de los períodos más desafiantes de la historia reciente.

La primera sesión reunió a cardenales electores y no electores: 178 de un total de 241 cardenales.

El Vaticano informó que, según lo previsto, los cardenales fueron divididos en dos conjuntos de grupos. El primero estuvo integrado por ocho grupos —en lugar de los nueve previstos inicialmente— de cardenales electores ordinarios, incluidos nuncios y cardenales electores (menores de 80 años) que ya concluyeron su servicio como ordinarios diocesanos. El segundo conjunto estuvo formado por diez grupos —en lugar de los once previstos— integrados por cardenales electores de la Curia Romana y cardenales no electores.

El Vaticano señaló que, al término de la primera sesión, los ocho grupos del primer conjunto compartieron sus reflexiones, mientras que, del segundo conjunto, sólo cuatro de los diez grupos presentaron las suyas.

El inicio de los trabajos

Los trabajos comenzaron con el canto del Veni Creator Spiritus, seguido de las intervenciones del Cardenal Baltazar Enrique Porras Rueda Aparicio, Arzobispo de Bogotá (Colombia), quien presidió la sesión, y del Cardenal Giovanni Battista Re, decano del Colegio Cardenalicio.

A continuación, el Papa León XIV pronunció un discurso introductorio en el que invitó a los purpurados reunidos a ayudarle en el discernimiento de la misión de la Iglesia en medio de las complejas realidades del mundo actual.

El Cardenal Re, hablando en nombre del Colegio, subrayó la gravedad del momento histórico actual, describiendo un mundo marcado simultáneamente por los rápidos avances tecnológicos, incluida la inteligencia artificial, y por una preocupante erosión de los fundamentos morales y éticos.

Asimismo, elogió la reciente encíclica del Papa León, Magnifica humanitas, calificándola como un “faro de luz” que afronta los desafíos contemporáneos permaneciendo arraigada en la doctrina social de la Iglesia.

Los cardenales escucharon después una meditación bíblica ofrecida por el Cardenal polaco Grzegorz Ryś, Arzobispo de Cracovia, quien propuso la parábola del Buen Samaritano como una clave para comprender el mundo contemporáneo.

En lugar de considerar el mundo como un concepto abstracto, el Cardenal Ryś invitó a reflexionar sobre la experiencia humana concreta, simbolizada por el hombre herido del relato evangélico.

Identificó varias características que definen a la humanidad contemporánea: la exposición a la violencia, la pérdida de la dignidad, las profundas heridas personales y sociales y, sobre todo, una soledad generalizada. “Las personas de hoy están sufriendo un tsunami de soledad”, afirmó, haciéndose eco de reflexiones escuchadas durante el Sínodo sobre la Sinodalidad.

El Cardenal Ryś también señaló lo que describió como un “descenso” espiritual en sociedades secularizadas cada vez más desvinculadas de la trascendencia.

Sin embargo, junto a esa figura herida, destacó el ejemplo del samaritano —un extranjero que manifiesta compasión, cercanía y amor sacrificado— como modelo para el compromiso de la Iglesia con el mundo.

El Vaticano informó que, tras su reflexión, se guardó un prolongado tiempo de oración en silencio, después del cual los cardenales comenzaron las discusiones en sus respectivos grupos de trabajo.

Artículo publicado originalmente en EWTN News. Traducido y adaptado por el equipo de ACI Prensa.