
Lula da Silva y Flavio Bolsonaro. Crédito: Shutterstock.
Las próximas elecciones presidenciales en Brasil no sólo definirán el futuro del gigante sudamericano, sino que permitirán conocer cómo queda trazado el mapa político de Latinoamérica, que ha girado a la derecha en los últimos años.
Brasil elegirá a su próximo presidente el 4 de octubre y también votará por los nuevos gobernadores, la Cámara de Diputados y dos tercios del Senado. Si es necesaria una segunda vuelta para elegir al nuevo mandatario, esta se realizará el 25 de octubre.
Los dos principales candidatos son el actual presidente Lula da Silva, que con 80 años será el representante de una coalición de izquierda; y Flávio Bolsonario, candidato de derecha de 45 años de edad e hijo del expresidente Jair Bolsonaro.
Gabriel Marquim, doctor en ciencias de la religión y profesor de política en la Universidad Mauricio de Nassau, dijo en entrevista con EWTN Noticias que “la derecha en Brasil todavía está bastante fragmentada. Todavía no hay un consenso total de que Flávio Bolsonaro sea realmente el candidato que va a representarla, mientras que ya se percibe que la izquierda en general se articulará nuevamente en torno al nombre de Lula”.
Marquim destacó asimismo que para entender la campaña electoral actual es necesario comprender que esta es “en cierto modo, una continuación de las últimas elecciones de 2022”.
“Esto, en mi opinión, muestra incluso la dificultad que tenemos para buscar y encontrar un camino alternativo a la polarización” que “estamos viendo en todo el mundo”, marcado por “un movimiento de tensión y crispación política”, dijo el también autor de La tradición dinámica, un libro sobre el Papa Francisco.
Lula llegó al poder en las elecciones de 2022 derrotando a Jair Bolsonaro, luego que en 2021 el Supremo Tribunal Federal anulara la condena que pesaba en su contra desde 2018, cuando fue sentenciado a doce años de prisión por corrupción y lavado de activos.
En 2022, tras perder las elecciones, Jair Bolsonaro fue condenado a 27 años de prisión por su presunta participación en la trama para un golpe de estado contra Lula. Actualmente está en prisión domiciliaria humanitaria, por motivos de salud.
El “bolsonarismo” y el Supremo Tribunal Federal
En la entrevista con EWTN Noticias, Marquim también destacó la existencia y la influencia ahora del “bolsonarismo” como un movimiento que “va más allá de la propia figura de Jair Bolsonaro”, nacido en 2018 con la ayuda de las redes sociales, cuando el ahora expresidente fue elegido. En su opinión, esta corriente se destaca por un “discurso de insatisfacción con la política, con la democracia” que “no cumple totalmente lo que promete”.
Para el analista político, a estas alturas “se imaginaba que el presidente Jair Bolsonaro lograría traspasar todos sus votos o su gran fuerza política a su hijo. Y esto, hasta ahora, no ha sucedido”.
De acuerdo a los últimos sondeos, Lula recibiría el 43% de los votos y Flávio Bolsonaro el 40% en una eventual segunda vuelta.
Marquim también se refirió al papel del Supremo Tribunal Federal y dijo que estas elecciones deben ayudar a que se supere “una de las grandes fragilidades de la política y del sistema judicial brasileño” desde hace décadas.
Para el analista, la interferencia del poder judicial en la política “en determinado momento, favoreció a Bolsonaro; y favoreció también a una elección del presidente Lula”.
“Opino que necesitamos retomar la comprensión de la democracia como un sistema político que está más allá de la pasión individual de las personas, porque cuando tenemos un sistema político que es vulnerable a las decisiones de un juez del Supremo Tribunal Federal, nos quedamos a merced de intereses de parte”, remarcó.
¿Qué proponen Lula da Silva y Flávio Bolsonaro?
Lula da Silva defiende un Estado fuerte que impulse el crecimiento con inversión pública, la ampliación de programas sociales y políticas de reducción de la desigualdad. Propone además mantener el actual marco fiscal, proteger el empleo y avanzar en una economía más sostenible, con mayor protección de la Amazonía.
En cuanto a la defensa de la vida, Lula dijo en la campaña electoral de 2022 que personalmente estaba en contra del aborto y que no promovería políticas públicas favorables a esta práctica. Sin embargo, en enero de 2023, ya en el poder, su Gobierno derogó una norma aprobada durante el gobierno de Jair Bolsonaro respecto a cómo el sistema unificado de salud del país trataba los casos relacionados al aborto y retiró a Brasil de la Convención de Ginebra, una declaración provida que rechaza el llamado “derecho humano” al aborto.
En febrero de 2023, durante una rueda de prensa tras reunirse con el entonces presidente Joe Biden, Lula evitó contestar directamente una pregunta sobre su promesa de campaña de no impulsar la legalización del aborto. Dijo que el aborto era un asunto del Congreso Nacional y no del Gobierno federal ni del presidente.
En 2024 se opuso a un proyecto de ley que buscaba equiparar el aborto a un homicidio, considerando “una locura que alguien quiera castigar a una mujer con una pena mayor que la del criminal que cometió la violación”. Dijo además que el aborto debía ser tratado como “un tema de salud pública”.
Por su parte, Flávio Bolsonaro propone un Estado más pequeño y una política económica más liberal, con reducción de ministerios y gasto público, nuevas reglas fiscales, menor carga tributaria y privatización o venta de activos estatales.
En seguridad defiende una línea dura: penas mayores, prisiones de máxima seguridad y menos edad para la responsabilidad penal de los menores de edad. Asimismo busca invertir más recursos para la lucha contra el narcoterrorismo.
Tiene una postura claramente contraria al aborto. El 16 de agosto, en el acto de inicio de su campaña en la emblemática playa de Copacabana en Río de Janeiro, dijo que nombraría, para el Supremo Tribunal Federal, ministros (jueces) que sean explícitamente contrarios al aborto y la legalización de las drogas.