Joven deja su empresa para fundar "Metro Cuadrado", un proyecto que une a profesionales católicos


Felipe Ballester Molina. Crédito: Cortesía Felipe Ballester Molina

“Voy a dejar mi empresa”, anunció hace algunas semanas Felipe Ballester Molina a sus más de 100.000 seguidores en Instagram. ¿El motivo? Dedicarse al 100% a “Metro Cuadrado”, un proyecto para acompañar a católicos a desarrollarse profesionalmente, formarse y generar comunidad.

Tras varios años al frente de una compañía, y luego de un proceso en el que hubo “mucha oración, mucho discernimiento, muchas llamadas de Jesús”, Felipe decidió poner sus dones completamente al servicio de la Iglesia. 

“El llamado que siento y experimento, y que en oración he recibido, es muy grande, por lo cual sí, estoy dejando mi empresa para dedicarme a full a lo que es Proyecto Metro Cuadrado”, detalló en un videomensaje.

Felipe es argentino y tiene 27 años. Luego de estudiar algunos años de la carrera de Ingeniería Agrónoma, dejó sus estudios para emprender, y fundó junto a un amigo una compañía creyendo que “en el emprendimiento, en los negocios, en el mundo laboral, iba a encontrar la felicidad”, recuerda en diálogo con ACI Prensa.

Felipe junto a su amigo y socio de la empresa. Crédito: Cortesía Felipe Ballester Molina
Felipe junto a su amigo y socio de la empresa. Crédito: Cortesía Felipe Ballester Molina

“Hicimos el camino típico del emprendedor, nos fue muy bien con muchas cosas, muy mal con otras, aprendimos un montón, levantamos plata”, enumera.

El tiempo fue transcurriendo y en 2022, en medio de una crisis, Felipe, que había consumido mucho material de autoayuda, se dio cuenta que esas ideas “superficialmente parecen ser buenas porque buscan la mejor versión de uno, pero sin Dios, terminan siendo destructivas”.

Señor: ¿Querés que yo siga este camino?

Así empezó a profundizar en el camino de la fe, de la vida sacramental y la relación íntima con Cristo. Fue entonces que comenzó a compartir su testimonio a través de las redes sociales, donde encontró “un espacio de profundización, de pensamiento, de compartida, donde yo podía libremente hablar mis cosas”, recuerda.

A medida que su alcance en redes sociales fue creciendo, Felipe comenzó a discernir y a rezar preguntándole a Dios: “Señor, estoy hablando mucho de vos, me llegan mensajes de todas partes del mundo, ¿Vos querés que yo siga este camino? ¿Querés que siga hablando en las redes sociales de vos?”.

La respuesta llegó en un retiro. “El Señor no habla difícil, es muy claro cuando uno está en vida de gracia y dispuesto a escucharlo. Y desde ahí dije bueno, Señor, vos me dijiste que querés que evangelice con mi testimonio, mi forma de ser, mis pecados, mi historia, mi miseria”, relata.

Felipe junto a amigos en la fe. Crédito: Cortesía Felipe Ballester Molina
Felipe junto a amigos en la fe. Crédito: Cortesía Felipe Ballester Molina

Al recordar ese momento, Felipe lo sintetiza en agradecimiento y esboza una oración: “Yo no soy digno, pero vos, Señor, me hacés digno. Voy a hablar de vos y a pesar de mí mismo, a pesar de que me conocés, soy tu testigo y me consagro a vos”.

El momento de dar el salto

Habiendo confirmado ese llamado, a principios de 2026 el joven empezó a poner “mucha fuerza en la evangelización”, y a medida que crecía su gusto por hacerlo y aparecían más frutos, comenzó a darse cuenta de que su vida laboral ya no estaba alineada con el camino que venía recorriendo. 

“Fue el momento de dar el salto y el Señor fue disponiendo todo para que la decisión salga con mucha claridad, aunque también obviamente con miedo, dudas, incertidumbre, pena por todo lo caminado, renunciar a lo que uno tenía planificado”, admite.

Sin embargo, “cuando uno se la juega por el Señor y deja todo por Él, como el joven rico del Evangelio, recibirá el 101%”, reflexiona. “Estamos en ese camino”, asegura.

Proyecto Metro Cuadrado surge de la premisa de “poner el mundo digital a disposición de los católicos para conectarnos, y de esa forma potenciarnos laboralmente de forma muy concreta”, explica su fundador.

Felipe dando una charla. Crédito: Cortesía Felipe Ballester Molina
Felipe dando una charla. Crédito: Cortesía Felipe Ballester Molina

Dios, familia, vos mismo, el trabajo

El metro cuadrado tiene cuatro lados o componentes: en primer lugar, explica Felipe, “para hablar de un católico generando plata, debo entender el concepto de que primero soy de Dios“.

“Segundo, tengo que tener en cuenta a mi familia, como concepto sencillo del prójimo. Es decir: me relaciono con Dios, me relaciono con el prójimo”.

“Y me relaciono conmigo mismo. Ese es el tercer lado del cuadrado: la identidad que me da ser hijo de Dios, la identidad que me da vivir para mi familia, para mi comunidad, para mi prójimo, amar a Dios y después al prójimo como a uno mismo”.

El cuarto lado es “el trabajo, la plata, los negocios, las finanzas. Es un lado al que yo le pongo fuerza dentro del proyecto, porque los católicos, seguidores de Cristo Jesús, tenemos la idea de que la plata es algo sucio y me va a hacer pecar. Pero después aparece la contradicción, porque nos la pasamos seis, ocho o diez horas por día trabajando y por ahí hay gente que tiene dos, tres trabajos y no llega a fin de mes”, advierte.

“Somos católicos, laburamos un montón, y quiero que tengamos plata. ¿Para qué? Para poder devolvérsela, glorificarlo a Dios, ayudar a nuestros hermanos que dentro y fuera de la Iglesia, todos necesitan esa plata”, considera.

Con la comunidad parroquial. Crédito: Cortesía Felipe Ballester Molina
Con la comunidad parroquial. Crédito: Cortesía Felipe Ballester Molina

Iniciado hace tres meses, Metro Cuadrado ya cuenta con más de 230 participantes en 20 países alrededor del mundo, y se presenta como “una red de católicos que se unen para formarse, rezar y generar comunidad”. Es un espacio para “profesionales, estudiantes y emprendedores que ponen sus dones al servicio: consejos, experiencia, negocios, todo desde los valores del Evangelio”.

Se trata de una iniciativa laical, asesorada por sacerdotes, que ya conectó a católicos de distintos lugares, que se acompañan en la fe y buscan en esta red mentores, socios y trabajo. “Es un ecosistema digital de profesionales para acompañarnos, para formarnos y para después poder llevar todo eso a acciones concretas en nuestro día a día”, resume su fundador.

Santificar el mundo desde mi metro cuadrado

Para ello, cuenta con una sección para formar comunidad, que permite establecer conexiones con católicos de todo el mundo que comparten los mismos desafíos, conocerse, participar de foros, debates y conversaciones; obtener consejos y mentorías; ser parte de una red de oración semanal; y generar negocios. “Muchas veces los católicos nos sentimos solos o que somos bichos raros en un mundo que parece estar muy alejado”, reconoce Felipe.

Por otro lado, hay un espacio de formación en torno a temas de actualidad, basado en las enseñanzas de la Iglesia, que incluye cursos sobre finanzas, encuentros en vivo y abordaje de distintos temas a través de videos. Allí, “sacerdotes, filósofos, teólogos, laicos vienen a hablar y a formarnos sobre sus temas”, agrega.

“El otro tercio son las acciones, donde trabajamos en nuestro metro cuadrado. La idea de fondo es santificar el mundo entero, hacer un mundo mucho más consagrado al Señor, pero desde mi metro cuadrado, en mi relación con Dios en el día a día, mi relación con mi marido, mi mujer, mi novia, mi amigo, la persona que está en la calle, desde mi metro cuadrado, desde algo muy concreto, y así, ladrillo a ladrillo, vamos construyendo para el Reino de Dios. Todo consagrado a Él”.

En una actividad con jóvenes. Crédito: Cortesía Felipe Ballester Molina
En una actividad con jóvenes. Crédito: Cortesía Felipe Ballester Molina

Magnifica humanitas y la tecnología al servicio del hombre

El proyecto fue armado íntegramente por Felipe, utilizando la inteligencia artificial. En este punto, explica que “en un ambiente tan digitalizado, donde el ser humano es un dato, en Metro Cuadrado decidimos ordenar: somos personas y la tecnología está buenísima y hay que usarla a nuestro servicio, no al revés”, aclara.

Para llevarlo adelante, la “columna vertebral” del proyecto es la encíclica Magnifica humanitas, del Papa León XIV, que para el joven emprendedor “fue providencial”.

“El Santo Padre nos habla del uso de la inteligencia artificial como una herramienta que puede llevarnos a un buen lugar de productividad y demás; o nos puede llevar a la condenación, que no es nada nuevo”, insiste.

Otro acontecimiento providencial para Felipe es la próxima beatificación de Enrique Shaw, laico, empresario y padre de familia. Al respecto, destaca la fuerza del mensaje de fidelidad a Cristo en el mundo de la empresa, la tecnología y las finanzas.

Saber que Cristo es la respuesta

“Yo tengo 27 años, me quiero casar, jugué toda mi vida al rugby, voy al gimnasio, hago las cosas que cualquier joven puede hacer, pero el sentido de mi vida no lo encuentro en mí mismo ni en mi realización profesional o de éxito en mi empresa, sino que lo he encontrado en Cristo Jesús. Y esa es la respuesta que quiero dejarle al mundo”, asegura.

Por eso, convoca a los católicos “comprometidos, formados y decididos” a ser parte de Metro Cuadrado, convencido de que “saber que Cristo es la respuesta ya nos pone en un punto de unión muy grande”.

Como cualquier proyecto o negocio, admite Felipe, “es desafiante, pero el Señor me sostiene, y rezo mucho para que, si es del Señor, que esto florezca, que sea gigante; pero que no sea un proyecto mío, sino que sea completamente del Señor, para Él, para su gloria, para su Iglesia”.

Más información en https://www.pmcuadrado.com/ o en Instagram.com/proyectometrocuadrado.