
McKenna West, madre subrogada y enfermera especializada en cardiología que dio a luz el 12 de agosto de 2026 a un niño al que llamó Gabriel, enfrenta una demanda de la pareja contratante por negarse a abortar al bebé, quien padece una afección cardíaca tratable. | Crédito: Live Action.
Una pareja de California (Estados Unidos) demandó a la madre que gestó a su hijo mediante un acuerdo de gestación subrogada por negarse a abortarlo. Alega que incumplió el contrato al no matar al bebé antes de su nacimiento.
Nausheen Gilkar y Omar Ahmed presentaron una demanda contra McKenna West en la que reclaman más de 100.000 dólares por daños y perjuicios. Alegan que incumplió el acuerdo de gestación subrogada, que incluía una cláusula que les permitía solicitar el aborto del bebé si se detectaban anomalías fetales.
West, una enfermera especializada en cardiología procedente de Alaska, dio a luz el 12 de agosto en Dallas a un niño a quien se le había diagnosticado prenatalmente el síndrome del corazón izquierdo hipoplásico, una afección cardíaca grave pero tratable. West llamó Gabriel al niño; Gilkar y Ahmed lo llaman Rumi.
West había huido a Texas en busca de la protección del estado para el bebé después de su nacimiento. En un artículo de opinión publicado el 20 de agosto en el New York Post, afirmó que sólo le permitieron estar unos 60 segundos con el recién nacido antes de que la pareja contratante asumiera su custodia física. Actualmente, las órdenes judiciales vigentes le impiden tener contacto con el niño.
Para el 25 de agosto está prevista en el condado de Dallas una audiencia sobre la filiación y otros asuntos relacionados.
West, madre soltera, rechazó la petición de abortar después de que la afección fuera diagnosticada en abril. Posteriormente, la pareja dejó de pagar los gastos relacionados con el embarazo.
Según la organización provida Live Action, West estaba dispuesta a dar a luz en California, donde reside la pareja contratante, si esta se comprometía a tratar la afección cardíaca del bebé, pero, según se informó, se negó a hacerlo.
West explicó que eligió el Children’s Medical Center Dallas, en Texas, debido a su tasa de éxito del 100 % en el procedimiento que necesitaba el recién nacido.
“Como enfermera especializada en cardiología, sabía que este pequeño tenía grandes posibilidades de sobrevivir si se le daba la oportunidad de recibir el tratamiento necesario”, afirmó.
El bebé fue sometido a una primera intervención quirúrgica para tratar su afección cardíaca y está recibiendo atención médica en Texas en virtud de una orden judicial obtenida por el fiscal general Ken Paxton, que exigió que se le proporcionara un tratamiento para salvarle la vida y prohibió que fuera trasladado fuera del estado.
Lee Budner, abogado de Gilkar y Ahmed, dijo en un comunicado reciente a TMZ que la pareja está “devastada” porque, supuestamente, West y Paxton han “convertido en un espectáculo político” el nacimiento y los problemas de salud del bebé.
Mientras tanto, West rechazó en su artículo las afirmaciones de que sus acciones fueran un “espectáculo político” y escribió: “Ninguna mujer debería ser obligada a matar al bebé que lleva dentro. Y, lo más importante, todo niño merece una oportunidad de vivir”.
West señaló que ha renunciado a cualquier pretensión sobre el bebé y que únicamente pide que la pareja contratante se comprometa a proporcionarle “el tratamiento que necesita para salvar su vida. Eso es todo lo que haría falta para poner fin a esto”.
Sin embargo, escribió que la pareja está “trabajando activamente para conseguir que se anule la orden judicial que exigía la continuidad del tratamiento del bebé”.
Budner no respondió a las solicitudes de comentarios de EWTN News, pero TMZ informó que, según el abogado, la pareja está “siguiendo las recomendaciones del equipo médico del bebé, como lo haría cualquier padre amoroso”. Añadió que sus clientes, quienes demandan a West por no haber abortado al niño, “siguen anteponiendo, como siempre lo han hecho, la salud y el bienestar de su bebé”.
Irene Alexander, profesora asociada de teología moral en la Universidad de Dallas, dijo a EWTN News que abortar a un niño con una afección médica tratable es “casi como una mentalidad de Amazon. Si no recibo exactamente lo que pedí, quiero devolverlo”.
Alexander describió la práctica de la gestación subrogada, que la Iglesia Católica enseña que es gravemente deshonesta, como una “disociación de todos los aspectos de la sexualidad humana: el amor, la paternidad y el bien del niño quedan fragmentados en partes”, lo que lleva “a los niños a sufrir porque esas realidades están inseparablemente vinculadas”.
“Una vez que se quebranta el orden de una realidad que estaba llamada a constituir un todo; una vez que se han cometido tantos niveles de injusticia —afirmó—, queda un desorden que causa una injusticia al niño y a la unidad del matrimonio”.
Christina Bennett, corresponsal de noticias de Live Action, dijo el 20 de agosto al periodista Eric Rosales, de “EWTN News Nightly”: “La gestación subrogada explota tanto a la madre como al niño. Las mujeres no son simplemente vientres que se puedan alquilar y los niños no son simplemente bienes que se puedan vender mediante contratos que deban firmarse”.
“Las mujeres merecen dignidad humana, los niños merecen dignidad humana y la gestación subrogada vulnera esa dignidad. Debería prohibirse en todo el país, como han hecho otras naciones”, afirmó.
Joe Zalot, especialista en bioética del National Catholic Bioethics Center, dijo a EWTN News que el caso demuestra “cómo la gestación subrogada comercial degrada a la madre gestante al pretender reducirla a una posición subordinada con respecto a los ‘padres’ genéticos, así como la manera en que los contratos de gestación subrogada degradan la dignidad del niño por nacer mediante la exigencia de que sea eliminado si se diagnostica una anomalía prenatal”.
La disputa “es un ejemplo de manual de todo lo que está mal en la gestación subrogada”, prosiguió Zalot. Según la enseñanza de la Iglesia, esta controvertida práctica “nunca está permitida porque rompe la ‘conexión inseparable’ entre procreación y unión; vulnera el derecho del niño a ser gestado y dado a luz por su madre biológica; y atenta contra la exclusividad del matrimonio, pues los esposos tienen derecho a convertirse en padres únicamente el uno a través del otro”.
Kimberly Bird, portavoz de Live Action, dijo a Rosales que “la realidad muy oscura que rodea […] estas cláusulas de aborto incluidas en los contratos [de gestación subrogada] es absolutamente atroz […]. Nadie tiene derecho a decirle a una mujer” que debe matar “al bebé que lleva en su vientre”.
“Y la gestación subrogada debería prohibirse por completo —continuó Bird—. Otros países lo han hecho o, al menos, le han impuesto restricciones severas”.
Esta semana, legisladores de Colombia presentaron un proyecto de ley para prohibir la gestación subrogada, mientras que esta práctica es ilegal en decenas de países de todo el mundo.
Artículo publicado originalmente en EWTN News. Traducido y adaptado por el equipo de ACI Prensa.