Congreso impulsado por el Vaticano ofrece respuesta católica a la “emergencia de la infertilidad”

La fecundación in vitro “sustrae el acto generativo a la responsabilidad de los cónyuges” y lo entrega a “la gestión de médicos y técnicos de laboratorio”, advirtió Mons. Claudio Giuliodori, presidente de la Fundación ISI y asistente eclesiástico general de la Universidad Católica del Sagrado Corazón.

El prelado intervino en el congreso “El esplendor de lo humano: custodiar la fertilidad, curar la infertilidad”, celebrado del 16 al 18 de octubre en Roma.

Estaba previsto que León XIV recibiera a los especialistas en el Vaticano, pero su hospitalización en el Policlínico Gemelli lo impidió. El acto inaugural corrió a cargo del secretario de Estado, el Cardenal Pietro Parolin, sobre la dignidad y belleza de la procreación en el Magisterio de la Iglesia.

Objeciones éticas a la técnica

Giuliodori cuestionó el paso “sin ningún reparo” de un acto procreativo inscrito en el amor conyugal a una “delegación o subcontratación” del acto de engendrar un hijo, confiado a un proceso externo a la pareja y de naturaleza puramente técnica.

Ese es, a su juicio, el problema de fondo, “antropológico y ético, pero también existencial y social”: la generación de una nueva vida queda fuera de la relación conyugal.

Enumeró además los condicionamientos morales que rodean estas técnicas: la obtención de células germinales, la selección de gametos hoy mediante inteligencia artificial, la producción de embriones, la reducción o supresión de los ya implantados, y la crioconservación y eventual uso en investigación de los no implantados.

En Italia, calculó, hay entre 30.000 y 100.000 embriones congelados, aunque sin cifras precisas: “Nadie es capaz de producir datos exactos, y esto es impresionante”, afirmó, con implicaciones “sanitarias, jurídicas, económicas y, sobre todo, éticas”.

Recordó que la primera niña nacida por reproducción asistida, Louise Brown, llegó al mundo el 25 de julio de 1978, y que muchas de estas técnicas se desarrollaron primero para la reproducción animal.

“La reproducción, que puede justificarse en el ámbito de la ganadería, aparece totalmente inapropiada y éticamente inaceptable para el ser humano, que tiene derecho a ser concebido en el contexto exclusivo del acto de amor de sus padres, no producido en un laboratorio”, declaró.

Criticó también que el debate público se centre casi solo en el deseo de los adultos: “Se habla mucho del derecho a tener un hijo de cualquier manera, pero muy poco del derecho del hijo a ser generado humanamente en el ámbito del amor conyugal”.

Evocó las recientes enseñanzas de León XIV sobre la dignidad de toda vida humana y los límites éticos de la tecnología, y citó la instrucción Donum vitae (1987), firmada por el Cardenal Joseph Ratzinger: “Lo que es técnicamente posible no es por ello mismo moralmente admisible”.

Alternativas clínicas

El Instituto Científico Internacional Pablo VI (ISI), nacido para tratar las causas de la infertilidad como alternativa a la fecundación artificial, trabaja hoy dentro de la Fundación Policlínico Universitario Agostino Gemelli, con “todo el apoyo necesario para la investigación más avanzada” y un enfoque interdisciplinar que permite diagnósticos “muy precisos y profundos”.

Según Giuliodori, sus 25 años de experiencia lo han convertido en referencia internacional para parejas que quieren afrontar la infertilidad sin fecundación artificial, con “respuestas concretas para la eliminación de las causas”.

“Los resultados obtenidos, también en términos de embarazo, superan porcentualmente los declarados por los centros de procreación médicamente asistida”, afirmó.

Educación y prevención

La doctora Paola Pellicanò, del Centro para la Regulación Natural de la Fertilidad de la Universidad Católica del Sagrado Corazón, consagrada del Ordo Virginum y presidenta de la Asociación Donum Vitae, defendió responder a “la emergencia de la infertilidad” más allá de las soluciones técnicas habituales.

Señaló que las últimas directrices de la OMS empiezan a reconocer la educación sobre la fertilidad, los estilos de vida saludables y el respeto a las convicciones de las parejas, y que ya en 1988 la organización publicó una guía sobre estos servicios, definidos como “primariamente educativos”, cuyo éxito dependía de “la formación de instructores cualificados”.

El centro, creado en 1976 a partir de un proyecto de la Universidad Católica impulsado con la Santa Sede y la Conferencia Episcopal Italiana y dirigido inicialmente por la ginecóloga y misionera Anna Cappella —formada junto a John y Evelyn Billings—, ha acompañado a más de 8.000 parejas. En Italia cuenta además con más de mil instructores del Método de la Ovulación Billings, basado en la observación diaria del moco cervical.

Conocer la fertilidad, insistió Pellicanò, “permite a las personas convertirse en protagonistas de sus propias decisiones” y evitar una actitud pasiva ante las técnicas reproductivas. Ese trabajo no se detiene en el embarazo: “Abarca toda la vida”. Palabras como prevención, responsabilidad y generosidad, añadió, son clave también frente a la caída de la natalidad.

“Custodiar la fertilidad es una visión científica que tiene en el centro a la persona”, concluyó, en continuidad con las enseñanzas de los últimos pontífices, desde San Pablo VI hasta León XIV, quien en su encíclica Magnifica humanitas presenta la apertura a la vida como expresión de belleza y dignidad humanas.